
La Polineuropatía Desmielinizante Inflamatoria Crónica (CIDP) es una enfermedad neurológica poco frecuente en la que el sistema inmunológico ataca por error la mielina, la capa que recubre y protege los nervios periféricos. Como consecuencia, la transmisión de los impulsos nerviosos se vuelve más lenta o se interrumpe, afectando la fuerza y la sensibilidad.
La CIDP puede aparecer en personas de cualquier edad y suele desarrollarse de forma progresiva durante semanas o meses. Aunque se desconoce su causa exacta, se considera una enfermedad autoinmunitaria que requiere una evaluación y seguimiento especializados.
El diagnóstico temprano y el tratamiento oportuno son fundamentales para controlar la inflamación, reducir el daño en los nervios y favorecer una mejor recuperación funcional y calidad de vida.


La CIDP puede provocar debilidad muscular progresiva, dificultad para caminar, pérdida de equilibrio, entumecimiento, hormigueo y disminución de los reflejos. En algunos casos, las personas presentan fatiga y dificultad para realizar actividades cotidianas que requieren fuerza o coordinación.
La evolución de la enfermedad varía entre los pacientes. Algunas personas presentan episodios de mejoría y recaídas, mientras que otras desarrollan síntomas de forma continua. El tratamiento suele incluir medicamentos para controlar la respuesta inmunológica, además de fisioterapia y rehabilitación para mantener la movilidad y la independencia.
Gracias a los avances en el diagnóstico y las terapias disponibles, muchas personas con CIDP logran controlar la enfermedad y conservar una buena calidad de vida con un seguimiento médico adecuado.
Cada persona puede experimentar la CIDP de manera diferente, pero muchas de las dudas son las mismas. En esta sección reunimos respuestas claras y confiables para ayudarte a comprender mejor la enfermedad y conocer las opciones disponibles para su diagnóstico, tratamiento y seguimiento médico.
La sospecha y evaluación clínica es indispensable. Después se deben realizar estudios especializados como las velocidades de conducción nerviosa y electromiografía; estos deben ser realizados por un experto en neurofisiología. También pueden ser necesarios otros estudios como el análisis del líquido cefalorraquídeo y casos más particulares, estudios de imagen como resonancia magnética de raíz/plexo o biopsia de nervio.
Al ser una enfermedad adquirida por razones principalmente inmunológicos, no existe alguna medida comprobada para prevenirla, porque en la mayoría de los casos no se conoce qué desencadena la respuesta autoinmune. Es importante recordar que no hay algo que el paciente haya hecho para causarla ni existe una dieta, vitaminas o medicamento que pueda evitarla o prevenirla. Lo que sí podemos hacer es reconocer los síntomas tempranamente y comenzar el tratamiento oportunamente para evitar daño permanente en los nervios periféricos.
La CIDP puede controlarse y en algunos pacientes, entrar en remisión. No existe una cura definitiva garantizada para todos los pacientes, pero los tratamientos pueden detener la inflamación y evitar que continúe el daño del nervio periférico.
Algunas personas requieren tratamiento prolongado de manera indefinida, mientras que otras pueden disminuirlo o suspenderlo después de alcanzar una remisión estable.
El riesgo de discapacidad permanente aumenta cuando el diagnóstico es tardío, la enfermedad es muy prolongada o hay daño axonal secundario importante. Por eso son fundamentales el apego al tratamiento, el seguimiento neurológico, la rehabilitación y reconocer tempranamente cualquier nueva debilidad o deterioro de la marcha.
No se recomienda evitar vacunarse debido a que no existe evidencia sólida que indique que las vacunas causen recaídas. Se recomienda individualizar en cada paciente dependiendo del tipo de tratamiento que se tenga, cuál será el tipo de vacuna más conveniente para administrarse.
La atención suele estar a cargo de neurólogos especializados en enfermedades neuromusculares. El manejo en conjunto con médicos rehabilitadores, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales y otros profesionales de la salud es esencial para una recuperación más temprana y global que eficientiza la mejoría de la calidad de vida del paciente.